sábado, 15 de octubre de 2011

"Psychosis"


Capítulo 1 – Falsos dementes

 “Solo será por un tiempo” había dicho mi madre por última vez. Le había visto el rostro deprimido y nervioso cuando se había sacado las gafas de sol, a pesar de que estuviese nublado. Su cabello castaño estaba desaliñado y lo llevaba sobre el rostro, para que no se lo viera. Lo había descubierto para darme una sonrisa reconfortadota, que funcionó de la peor forma.
 Mi padre había estado siendo cortante y rudo, pero al momento de despedirse soltó un gran suspiró y rindió.
 Temía que estuvieran asustados.
-Acompáñeme, Emily –dijo una señora con una amplia sonrisa y me guió a la entrada de una pequeña y acogedora sala.
 Quizás sea para que los padres estuviesen aquí –pensé mientras analizaba mis pensamientos, no sabía como reaccionar ante la curiosa mirada de consuelo de la que parecía ser una secretaria.
-Mi nombre es Clara Walker –habló nuevamente mientras reordenaba unas carpetas, buscando algo-. Te entregaré unos papeles para que puedas saber cual será tu habitación y tus salones de clases.
-Está bien –me acerqué a su escritorio con lentitud, ella había dado con lo que buscaba.
-No te preocupes –me dio una media sonrisa, como si supiera que no quería estar allí. Era más que obvio-. Este es un buen lugar.
-¿Tengo que ir a clases ahora? –pregunté mientras me entregaba la ficha con mis horarios.
-No, tus padres te han inscrito a comienzo de año, así que ahora todos estarán empezando nuevamente –me guiñó un ojo-. Son recién llegados.
-¿En verdad? –le miré impresionada-. Pensé que estarían años acá.
-No, no es así –negó con la cabeza mientras ponía una mano en mi hombro y abría una puerta, daba con un pasillo descubierto y relucía un patio grande y espacioso, el pasto estaba algo deteriorado en algunos sectores, pero era agradable-. Aquí están solo un par de años, no tantos… los suficientes como para finalizar sus semestres y poder seguir con sus estudios.
-¿Cómo cuantas personas hay acá?
-Bastantes –miró hacia el patio y luego las puertas de los costados, supuse o que sería oficinas, o salones de clases-. Observa, allá en el patio, podrás estar todo el tiempo que quieras, exceptuando los horarios de clases o reuniones. Estas puertas, son las salas de los profesores asignados para tus clases y oficinas de los rectores, directores y otros empleados.
 ¿Esto era una escuela de locos o una común y corriente?
-Te ayudarán si necesitas algo.
-¿Dónde están los demás?
-En el salón, está por comenzar el discurso de comienzo de año. Quizás debas apurarte.
-Bien –avancé con tranquilidad, dudando de mis pasos y mirando el plano que me había entregado la Sra. Walker en la oficina.
 Este era un gran mapa, estaba resaltado los dormitorios, la cafetería, el salón, las salas y las oficinas. Los lugares restantes como el patio o los sectores como la piscina y el gimnasio estaban aparte.
 ¿Era una broma?
-Hola –me sobresalté cuando vi de repente a una chica de cabello corto y oscuro, delgada y completamente de negro que sonreía de oreja a oreja-. Soy Christie. Tú debes ser nueva.
-Hola –coloqué mi cabello detrás de mi oreja, no me llegaba hasta la cintura, como solía ser solo hace un par de meses, ahora estaba a la altura de mis hombros. Mi madre me lo había cortado por las “reglas de la escuela”-. Si, soy Emily.
-Acompáñame –se dio la vuelta y me jaló con animo, apresurándome el paso-. Conocerás a muchos más, por cierto.
-¿Hacia donde me llevas?
-Al salón, si te dejo que te quedes allí parada, probablemente estarás media hora tratando de decidir que camino tomar.
-Tampoco es que hayan muchos pasillos.
-¿Por qué te trajeron hasta acá? ¿Eres pirómana o tienes algún tipo de enfermedad mental? –se detuvo en una puerta de color marrón rojizo, el linóleo estaba desgastado y parecía demostrar que alguien se había descuidado por bastante tiempo.
-No, nada de eso –Christie abrió la puerta con tranquilidad y me miró atenta-. Creí que esto ni siquiera podría ser un hospital psiquiátrico… veo que me equivoqué.
-Cualquiera piensa eso cuando viene hacia acá –rió-. Pero te darás cuenta de porqué es una escuela de locos.
-¿Tú estás loca?
-Todos estamos locos –dijo como si estuviera contando historias de terror-. No como todo tipo de locos, más bien, aquí estamos las personas de las cuales el mundo les teme. Unos están más chiflados que otros –me susurró al oído con suspenso.
-¿Cómo lo sabes? –le interrogué con curiosidad.
-He estado aquí por mucho tiempo –se encogió de hombros, al parecer no le importaba-. Siempre vuelvo, pero me agrada, es el único lugar en el que puedo estar, y es mucho más acogedor.
 El gran salón era amplio y relucía cuadros y insignias de la escuela, las sillas estaban ordenadas a los lados y dejando una pasada en el medio. Al frente estaba parado un hombre con una sonrisa reluciente. Era de esos tipos de personas adineradas y que tenía gran poder.
-Él siempre viene para los comienzos de años y cuando hay eventos importantes –puso los ojos en blanco-. Solo lo vemos como dos veces al año.
-¿Es el director o algo por el estilo?
-Si, el dueño de todo esto.
-Oh, debe ser muy importante.
-Si, quizás, pero no le importa para nada esto. Es solo la imagen de esta “escuela”.
 Los alumnos estaban sentados, todos lucían trajes negros, como el mío. Mi madre había insistido que debía de usarlo, era una de las tantas reglas. ¿Tenían problemas con los colores de la ropa? No entendía la idea de estar de luto.
-Pienso que deberían de escoger otro uniforme –se miró el suéter negro y luego negó con la cabeza-. No, lo prefiero a tener colores chillones.
 Los ojos se fueron posando en mí mientras cruzaba y avanzaba buscando alguna silla desocupada, Christie me jaló del brazo y me sentó junto a ella en una de las hileras.
-Escucharás el patético discurso –rió en silencio.
-Si no le interesa la escuela… ¿por qué está acá?
-Como te lo acabo de decir, es solo la imagen –arqueó una ceja-. Prácticamente, dependemos de él.
-¿Asuntos del establecimiento? –deduje interesada en la historia.
-Si, el aporta con dinero, nosotros con presencia –evitó soltar una risita ruidosa y se tapó la boca-. Creo que Dan está teniendo un problema serio –se puso de pie y alzó una mano, haciendo señas con entusiasmo para que alguien se acercara.
-¿Quién es Dan? –me volteé a mirar.
-Un chico de acá, siempre me hace favores -se sentó y golpeó la silla del frente.
 La chica que estaba ubicada en ella se volteó y la miró con ira, Christie le sonrió con inocencia y ella gruñó.
-La próxima vez y te rompo la cara a golpes.
-Como tú digas, Harlot –rió.
 La chica ignoró la ignoró nuevamente y comenzó a hablar con su grupo de amigas. Miré a Christie como si quisiera que no lo repitiera nuevamente, se encogió de hombros.
 Tenía su cabello negro y algo largo, con rayas rojas y moradas, su cara estaba repleta de piercings y su chaqueta de cuero desgastada –con miles de objetos metálicos incrustados-, me daba poca confianza, sabía que no debería causar problemas con ella.
 Christie estaba mirando hacia el frente como si fuera a dormir una siesta. Esperé a que me mirara y una vez hecho, adivinó mi pensamiento.
-Te aconsejo que no te metas con ella, es una de las peores de acá. Toda una problemática –puso los ojos en blanco-. No le gusta que la gente sea superior a ella, Harlot es algo especial.
-¿Por qué le llaman Harlot?
-Que se yo –ocultó una risita, su voz era la de un susurro-. Lo que si, le viene a la perfección. Es una especie de chica punk, es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir lo que quiere.
-¿Qué quieres, Christie? –preguntó alguien a mis espaldas.
-Al menos podrías saludar, Dan.
 Me volteé a mirarlo y me sorprendí cuando su mirada se topó con la mía. Era un chico alto y ligeramente delgado, sus ojos avellana estaban completamente relajados, sonrió con amabilidad.
-Hola –se sentó en la silla que estaba a mi lado, quedé en el medio de ambos-. Soy Dan Baker.
-Emily Right –dije con timidez.
-¿Eres nueva?
-Si, acabo de llegar.
-Si, jamás te había visto –miró a Christie-. Dime.
-¿Podrías traernos a mí y a Emily unas bebidas? –le hizo un gesto con la mano para que se marchara.
-Puedes perfectamente ir tú sola, no tendrías por qué llamarme a mí –arqueó una ceja, desafiándola.
-Oh vamos, es solo un favor.
-¿Me acompañas? Así aprovechas de escoger qué quieres, me imagino que debes tener hambre.
-Pero, el discurso…
-No te preocupes –me empujó Christie para que me parara-. Todos los años dice lo mismo –se paró junto a mí.
 Dan era más o menos una o dos cabezas más alto que yo, y lucía un jersey negro con jeans del mismo color. Christie había entrelazado su brazo con el mío y me guiaba con Dan.
-Aún no puedo creer que te hayas conseguido una nueva esclava –le dijo Dan a esta, quien soltó una risita.
-Necesito, súbditos más eficientes que tú.
-No soy nada tuyo, puedes servirte tú sola –le apuntó un vaso vacío que había en una mesa repleta de paquetes de galletas y otro tipo de cosas-. Emily, no deberías hacerle caso –dijo mientras sacaba un vaso de una bandeja-, está más loca que cualquiera de acá.
-¿Acaso tú no lo estás? –Le apunté con el dedo-. Ha sido la única persona que me ha recibido.
-No, no es mi caso –rió.
-Yo no estoy loca, Dan –dijo con indiferencia.
 Dan la miró sorprendido y rió entre dientes, me miró y apuntó a las cosas que habían en la mesa.
-¿Qué deseas?
-Puedo hacerlo perfectamente yo misma, gracias –fruncí los labios mientras escogía una manzana que estaba junto con las demás frutas.
 Christie comenzó a reír a carcajadas, Dan le dirigió una seria mirada, negó con la cabeza y se sirvió un vaso de jugo mientras miraba hacia el frente, de repente se puso rígido y su rostro comenzó a asustarme.
 Me volteé para saber qué andaba mal, y habría deseado con toda mi vida, no hacerlo. La sombra se extendía y avanzaba lentamente en donde me encontraba, era oscura y espesa, y abarcaba más de dos metros, cerré los ojos y traté de no gritar. No quería que nada malo ocurriera, sobre todo si era con ellas.
 El grito desenfrenado de Phil me había roto el alma, no sabía como ayudarlo, era realmente horroroso ver como acababan con él, quizás le podría haber tomado de la mano y jalarlo con fuerza, pero en solo unos segundos, solo por unos segundos, el había desaparecido. El resto fue una terrible confusión entre ellas y la muerte, pude contemplar como ellas se acercaban a mí poco a poco, y todo habría desaparecido en la oscuridad.
 Mi padre me había encontrado tirada en el suelo, profundamente dormida. De Phil nadie nunca más había oído hablar, y me culparon de su desaparición. ¿Cómo iba a saber yo donde se encontraba él?
 Olvídalo, Emily –me supliqué a mi misma, y sentí como una fuerza externa a mis pensamientos me apartaba de ellos.
 La sombra estaba sobre mí y mi vista se desorbitó, lo único que pude ver era como trataba de introducirse en mí. Una mano me corrió de inmediato y me rodeó una figura, bloqueándola por completo.

-¿Qué crees que le haya pasado? –preguntó una voz familiar.
-No lo sé, es imposible que las haya visto… ¿viste su cara? –respondió alguien a mi costado.
-Tienes razón, es imposible.
-Dan, ¿y si fuera así? –dijo más nerviosa-. ¿Qué haremos?
-No Christie, ella no puede verlas.
-Pero Dan, su rostro… estoy segura de que las ha visto.
-No –gruñó, imaginé su rostro.
 Sus ojos semicerrados y una mueca de fastidio, como si algo le desesperara. Fruncí el ceño al sentir un agudo dolor en mi cuerpo y al comprender que estaba acostada.
-Despertó –le susurró a Christie, ella se puso rígida.
-¿Dónde estoy? –abrí los ojos lentamente y la luz fluorescente dilató estos.
-En la enfermería –se encogió de hombros, Christie.
 ¿Qué hacía allí? La última vez que había tenido conocimiento estaba en el salón, con Dan, ella… y las sombras.
-¿Qué me paso? –traté de levantarme, pero el dolor agudo volvió-. Ay -gemí en voz baja.
 Dan apretó los dientes que rechinaron por la fuerza con que los presionaba. Christie le lanzó una mirada.
-¿No recuerdas nada? –preguntó Christie mientras se inclinaba y me tomaba una mano, como si fuera una hermana mayor.
-Si, estábamos en el salón –le aseguré apenas volvían los recuerdos-. Mientras decían el discurso, estábamos en la mesa… y las sombras –me estremecí.
 Christie abrió los ojos más aún y contuvo lo que iba a decir, Dan no reaccionó.
-¿Viste unas sombras? –Christie no cabía en su asombro.
-Siempre las he visto –admití con algo de tristeza, no soportaba la idea de tener que vivir con ello.
 Pude ver con el rabillo del ojo como se le caía el rostro a Dan de la impresión. Christie pareció quedarse muda.
-No debí haberlo dicho –me encogí de hombros-. Por algo me tienen aquí.
-No estás loca –dijo ella y luego cerró la boca de golpe.
 Dan le miró enojado.
-¿Qué te hace pensar eso? –quise saber.
-No es nada, Emily –Dan me tomó de la mano mientras trataba de levantarme, me detuvo en pleno movimiento.
 Me quejé cuando otro intenso dolor agudo me recorrió la parte de mi abdomen.
-Me quiero ir –musité entre dientes-. ¿Por qué estoy acá?
-Al parecer, algo… -Dan entornó los ojos hacia el techo, la luz fluorescente parpadeó un par de veces-, te pasó.
-Quizás “algo” me dañó.
-Deberías descansar –ella se puso de pié y caminó hacia la puerta, Dan no se movió.
-¿Se irán?
-No, yo no… Christie irá a comer –ladeó la cabeza apuntando hacia el costado, donde ella se dirigía.
-Oh –apoyé la cabeza en la almohada.
 Tenía un vendaje en mi mano, la miré lentamente mientras me la quitaba poco a poco.
-No hagas eso.
-Explícame que pasó –le fulminé con la mirada.
 Alzó las cejas y lanzó un largo suspiro.
-No puedo.
-Habla claro –dije mientras me detenía a observarlo.
-Solo no puedo hacerlo, deja las cosas así, Emily –dijo mientras se levantaba de la silla y caminaba hacia la puerta del frente, se asomó y miró a ambos lados y la cerró rápidamente. Volvió a su lugar.
-No, debes contarme lo que sabes.
-No sé nada –negó con la cabeza.
-Bien –puse los ojos en blanco y le esquivé la mirada, mis ojos se centraron en unas hermosas flores que habían en un frasco de cristal, llenado con agua para que no se secasen.
 Sonreí mientras estiraba la mano y sacaba una de color violeta.
-¿Es tu color favorito? –sonrió mientras contemplaba mis movimientos.
-Si, aunque con este negro –apunté su uniforme-. No creo que sea fácil de inquirir.
-Bueno, creo que ya lo noté.
-Si –observé la flor nuevamente, y olí su aroma, sonreí nuevamente.
-¿Te gusta?
-¿Las enviaste tú? –dejé la flor a un lado, él las miró.
-Si, creí que esto te alegraría –sacudió la cabeza y se alborotó el cabello.
-Estaría mucho más feliz si me dijeras la verdad –cerré los ojos mientras el fruncía el ceño.
-No.
-Entonces no sé porqué estás acá.
-¿Quieres que me vaya?
-No, claro que no.
 Estaba apoyado en el final de la cama y miraba indeciso la puerta, luego se levantó y la abrió.
-¿Qué haces?
-Abrir la puerta.
-¿Por qué no me lo cuentas? Sería mucho mejor que negarlo, eres un pésimo mentiroso.
-No he estado mintiendo.
 Cerré los ojos por varios minutos y fingí estar dormida.
-Si te digo la verdad, probablemente jamás habrías querido oírla.
 Abrí lentamente los ojos y él estaba inmóvil.
-Quiero saberla, simplemente.
-No quieres saberla, estoy completamente seguro de que no será bueno.
-¿Es por mi bien? –dije con ironía, el se molestó.
-Todo lo que hago es por tu bien.
-Ni siquiera nos conocemos –le recordé.


-Quería ver tu rostro cuando veas tu nuevo cuarto, de seguro te encantará –puso los ojos en blanco y miró hacia las puertas enumeradas a los costados.
 Los número iban aumentando a medida que avanzábamos, al costado de cada puerta estaban grabados los nombres de cada uno quien las habitara y así sucesivamente.
-Hablas como si fuera lo peor del mundo –dí con mi nombre.
 La puerta número 86.
-El espacio es reducido, te aviso. Pero supongo que con tus cosas se verá mucho humor.
-No es un gran apoyo, creo que comienzas a asustarme –dije con ironía, mi risa le hizo sonreír aún más, después de todo… tenía que quedarme aquí por un largo tiempo y ya comenzaba a acostumbrarme a la idea.
-Para nada, supongo que son lo suficientemente agradables como para querer quedarse ahí escuchando música.
 Antes de entrar a la escuela, me habrían quitado todo lo que se refería aparatos electrónicos, celulares, reproductores de música y habría sufrido bastante con la idea de no poder comunicarme con mis amigos.
 Deslicé la llave en la puerta que tenía el número de mi habitación, era de un color crema y las paredes eran anaranjadas, se veía bien, exceptuando la pintura desgastada.
 Abrí la puerta lentamente y fui directo a mi bolso, lo abrí rápidamente y observé las prendas –la mayoría negras, aunque mi madre había escogido mis mejores vestidos, blancos y colores claros, ninguno llamativo.
-Oh, veo que tomaron cuenta el día de la vestimenta libre –miró como revisaba mis cosas y fue hacia la ventana, la cual no había notado hasta el momento.
 Estaba con unos barrotes que no me impedían ver hacia el exterior, el patio y lo lejano a la escuela. Los árboles cubrían el horizonte y el sol había hecho que todo fuera más seco de lo habitual, imaginé como se vería en invierno.
-¿Ordenarás tu ropa?
-Tenemos clases ¿cierto?
-Si, en un rato más.
-Supongo que lo haré después –me encogí de hombros y caminé hacia mi bolso, saqué las cosas que mi madre me había comprado para escribir y estaba decidida a cambiarme la ropa que andaba trayendo puesta.
 Escogí un suéter negro y unos pantalones del mismo color. Me dirigí al baño y salí a los pocos minutos, Christie no se había movido de la ventana aún.
-Tengo una duda –se volvió hacia mí.
-¿Cuál es? –me senté en el borde del colchón y la contemplé paciente.
-No, no es nada –pestañeó y se centró en la vista nuevamente-. Me sorprende, eres realmente afortunada, tienes una de las mejores vistas de todo el edificio.
-Si, me agrada.
-Oh vamos, anímate –sonrió ampliamente y le dio la espalda a la ventana-. ¿Has hablado con Dan? –dijo de repente.
 Pensé en qué responderle, la verdad, yo no había visto a Dan desde el hospital y no sabía que había sido de él desde entonces.
-No ¿por qué preguntas?
-Lo he notado algo deprimido… pensé que podrías saber que le pasaba, a mí no me dice nada.
 ¿Deprimido? Le miré confundida… ¿estaba así por algo? ¿Qué le habría pasado?
-¿A qué hora tenemos que estar en las clases? –asomé la cabeza para ver si algunos aún se encontraban caminando hacia las salas.
-En unos minutos.
-Estoy lista, supongo que me acompañarás ¿no? –salí y esperé a que ella saliera para cerrar la puerta con rapidez.
-Por supuesto, a eso vine.
-Pensé que querías ver mi cara cuando viera mi cuarto.
-Me desilusionaste, la verdad… esperaba que se te cayera el rostro por el horror –rió.
-No está tan mal.
 Y era verdad, era una pieza sencilla y algo reducida, como había dicho ella, la cama estaba sin sabanas y debía de poner las mías, tenía un escritorio y una luz –que me iba a servir demasiado. Un closet para guardar mi ropa, y la ventana, que al parecer tenía una buena vista.
-Creí que serías ese tipo de chicas a las cuales les gusta tenerlo todo, veo que me equivoco.
-Si, y mucho –le dí un codazo amistoso, ella rió a carcajadas.
 Cruzamos el patio y llegamos a los salones, los estudiantes estaban ahí, parados sin hacer nada, habían parejas abrazadas y otros grupos hablando. Christie me impulsó a sentarme en una banca que había en el sector más alejado.
 No encontraba por ningún lado a Dan.
-Iré a ver si encuentro a Harlot, por algún lado.
-¿Quieres hablar con ella? –La observé mientras caminaba en reversa-. Pensé que no te agradaba.
-Así es, solo quiero que me cuente algo, es perfecta para conseguir información.
-Ajá –asentí mientras examinaba nuevamente con la vista.
 El sol apenas iluminaba, había amanecido hace solo unas horas y cerré los ojos mientras trataba de relajarme. No sabía que tal sería después de todo.
-No te muevas –me ordenó mientras desaparecía entre un grupo de personas.
 Suspiré y miré con desanimo a un grupo de chicos, vestidos con chaquetas de cuero y elementos metálicos incrustados en ella, sus cabellos estaban a la par con su estilo y parecían desinteresados con los demás que les rodeaban.
 Otro venía caminando desde un extremo del patio, estaba hablando con otro que era más bajo y de cabello castaño. El más alto lucía una chaqueta negra y andaba con su pelo negro alborotado en el rostro.
 Cuando lo vi más detenidamente, sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo ¿Era Dan?
-Así que ahí estabas –gritó alguien del grupo de punkis, Dan se volteó a mirarlo y le lanzó una sonrisa maliciosa-. Te estábamos esperando.
 Él me dirigió una mirada y se tensó… era fría y molesta.
 ¿Se había enojado conmigo? Caminó hacia ellos y entre todos se estrecharon las manos y luego de unos segundos se escuchaban carcajadas.
 Recordé su mirada, estaba inquieto, algo molesto… ¿en verdad era el mismo?
 “Es ella la nueva” escuché los cuchicheos del grupo de punkis. Me levanté de la banca y caminé en dirección al baño, quería refrescarme la cara antes de entrar, necesitaba un lugar más apartado en donde me permitiera a mi misma pensar, al menos solo unos segundos.
-Que hago acá –me lamenté a mi misma una vez que había entrado en el baño, abrí la llave y observé como corría el agua y mojé mi rostro en unos segundos, para luego secarme con la manga de mi suéter.
-¿Te ocurre algo? –preguntó una chica que entró por la puerta.
 Miré a Harlot sin demostrar ninguna expresión en mi rostro ¿debía ser simpática o cortante?
-No me ocurre nada –dije mientras cruzaba la puerta, con una media sonrisa, siendo cortés. Ella arqueó una ceja cuando me fui.
 Christie estaba esperándome en la banca con el ceño fruncido, apenas me vio hizo un gesto con su rostro, como preguntándome donde estaba.
-Eso no importa –recorrí con un dedo mi muñeca, ausente a todos los demás.
-Dan se acercó a hablarme, está muy raro.
-¿Te habló? –le miré de reojo, ella se encogió de hombros.
-Si, pero dice que no le ocurre, nada… se que no es así.
 Miré nuevamente al grupo de punkis, me encontré con la mirada de la mayoría de ellos. Me miraban en la forma de la cual uno desearía estar bajo tierra y jamás salir, como si fuera una tonta niñita en un lugar donde todos te van a excluir. Por primera vez, sentí que no quería estar en ese lugar, en cualquier otro, que no fuera este.
-Tranquila –Christie me rodeó con su hombro y me abrazó-. Ellos son así con todo el mundo.
-¿Lo notaste? –suspiré mientras le miraba.
-Si –sonrió-, son punkis y demuestran ser malhumorados y algo agresivos... son más simpáticos de lo que crees.
-Creo que son algo presumidos –dije más alegre.
 Al menos ella sabía distinguir lo que pensaba y se echó a reír.
-Seremos unas muy buenas amigas ¿sabes? Creí que me ibas a servir para que me hicieras favores, pero resultaste todo lo contrario.
-¿Acaso ya no lo somos? –dije con sarcasmo.
 Me uní a sus risas.
-Ahora tengo que explicarte algo… las clases son un horror –se levantó y me aferró a su brazo-. Dura cuatro horas cada una, y no querrás escuchar las materias, te lo aseguro.
-¿Estás bromeando? De donde vengo esas son dos clases en una…
-Lo sé, pasaremos la mayor parte del tiempo acá –apuntó a la entrada, todos comenzaban a avanzar-. Te mandaré mensajes, porque te sentarás en el pupitre vació, a dos mesas de la mía… no me los devuelvas, creo que aún no practicas con tu puntería y Harlot… supongo que estará vigilando.
-Esto no parece ser una escuela de locos.
-No lo es, la mayoría no lo está… mira –caminó hacia un chico-. Hola Phillipe –un chico se volteó a mirarla.
-Hola, Christie –sonrió.
-¿Has incendiado algo últimamente? –le dio un codazo.
 ¿Un pirómano?
-No, pero podemos hacer una broma un día de estos –sonrieron ambos.
-Excelente idea –gritó Christie y me apuntó-. Ella es Emily, mi nueva mejor amiga –se miraron ambos-. Invitémosla esta vez, de seguro querrá ir… ¿o no Emily?
-Si, claro –fruncí los labios, sin saber como reaccionar.
 ¿Hacer una broma? ¿Irían a quemar algo?
-No te preocupes, no provocamos incendios como los que crees –rió.
-¿Eres un pirómano? –me dirigí al chico.
 Tenía el pelo castaño y era unos centímetros más alto que yo, una cara un poco pálida y ojos azules. Era el chico con el que estaba hablando Dan.
-Phillipe Harris –relució sus dientes.
 Guau, un pirómano… ¿sería capaz de provocar incendios?
-No te asustes –rió-, no te quemaré.
-No estoy asustada –le corregí, me reí entre dientes.
 Sentí una brisa helada a mi espalda y me estremecí, me volví hacia atrás y vi como Dan se sentaba en su pupitre, hablando con el grupo de punkis.
-Te veo luego, Phillipe –se despidió Christie.
-Por supuesto, a ti igual… adiós Emily –se retiró.
-Adiós.
 Dan me miró y luego me esquivó nuevamente.
-Está raro ¿no? –Christie miró a mi misma dirección-, a mi no me hablará… anda tú.
-¿Qué? –Abrí los ojos por la impresión-. Ya viste como me mira, no creo que ni siquiera me dirija la palabra.
-Se que sí… anda tú.
-Está con el grupo de punkis –traté de convencerla.
-Ellos no muerden.
-Estoy segura de que si lo hicieran ya me habrían matado –bufé mientras ella me empujaba hacia Dan.
-Te acompañaré –sonrió.
 Me dirigió hacia él, y todos menos él alzaron la vista. Sentí como los nervios comenzaban a hacerme una mala jugada… ¿Porqué me respondería a mi? Éramos solo conocidos, ¿para qué me hablaría?
-Ahora –me susurró al oído.
 Ellos seguían hablando y riendo, escuché más de una vez la mención de la “nueva”.
-Dan –le llamé, el alzó la vista y apretó los dientes.
-Vuelvo en un rato –les avisó a los otros.
 Christie se dio la media vuelta y se fue. Dan se levantó de su asiento y caminó dos pasos más adelante que yo, se detuvo en el puesto que seguramente sería el mío.
-Dime –dijo secamente.
-¿Te ocurre algo?
-Nada.
-Te noto extraño… Christie me dijo que no le querías decir nada, quiero saber porqué.
-No me sucede nada, te lo aseguro. Además, me conociste solo por unos minutos.
-Pero en esos minutos no te comportabas de esa forma ¿lo recuerdas?
-Perfectamente.
-¿Así que te juntas con tipos como ellos?
-¿Algún problema? –alzó una ceja.
-Ninguno –suspiré-. ¿Acaso tienes algún lío conmigo?
-No… ¿por qué todo se tendría que relacionar contigo?
 Alcé la vista para no mirarle, una silueta comenzaba a aparecer desde la puerta, la miré con odio. Durante todos los años desde que las había visto, desde entonces ninguna me había echo daño, por ello estaba tan desconcertada como asustada… ¿acaso este lugar fuera capaz de provocar todo eso?
 Dan miró a la puerta y se volteó rápidamente.
-Ahora no puedes negarlo, las ves –le acusé.
-Ahí no hay nada –me aseguró casi gruñendo.
-Sé que no estoy loca.
-Entonces ¿para qué discutes esto conmigo?
-Porque creí que podrías ayudarme.
-¿Yo? –dio unos pasos hacia atrás-. Porque debería ayudarte.
-Porque no sé que hacer… me siguen a todos lados, y se que las ves –coloqué mis manos en forma de puño mientras trataba de ignorar a la sombra.
-No sé de qué hablas –dijo y se sentó en el puesto que estaba al lado del mío.
-Si quieres puedes irte, no es necesario que estés acá –me senté sin mirarle-. Puedes volver con el grupito de punkis.
 No se movió.
-Lo siento, Emily –murmuró en voz baja.
-¿Por qué?
 Se irguió y caminó hacia donde le había llamado.
-¿Qué pasó? –Christie me miró sorprendida-, ¿de qué hablaron? Parecía enojado…
-Ni idea.
-Vamos, dímelo.
-Se que ustedes dos ven lo que yo veo –dije molesta.
 Ella contuvo la respiración por unos segundos.
-Te refieres a las sombras que según tú ves… ¿verdad?
-No son solo sombras –suspiré-. También suelen ser personas.
 Pestañeó rápidamente y miró hacia Dan.
-¿Dan te dijo algo?
-Entonces es cierto –asentí-. ¿Por qué no me dijiste nada en la enfermería?
-No se nada, Emily.
-Por favor –bufé.
 Christie frunció el ceño, frustrada.
-Está bien, supongo que solo estoy loca, como todos acá –sacudí la cabeza y apoyé la cabeza en el escritorio.
 La puerta se cerró detrás de todos y una señora de aspecto joven y pelo recogido con un peinado extraño, sonrió.
-Bueno chicos, siéntense en sus respectivos asientos… les doy la bienvenida a los nuevos –me dirigió una cálida mirada-, y para los demás, supongo que esta vez si pondrán atención ¿no?
-Claro, si fuera más interesante –dijo alguien en voz alta.
-No voy a soportar insultos, Phillipe.
 Me volteé a mirarlo, el se reía a carcajadas. Un papel me dio en la cabeza y se cayó en mi escritorio. Lo abrí con cuidado de que no me descubrieran y salía garabateado con letra desordenada y delgada.
 Esta es la profesora Adeline Moore de Matemáticas, supongo que ya la irás odiando de ahora en adelante, sus clases son una pesadilla, lo digo enserio.
 Si te das cuenta, los demás no la escuchamos en absoluto, ya verás porque.
 Christie.
 Arrugué el papel y lo guardé en mi bolsillo, miré a la profesora y ella estaba con el entrecejo fruncido y desparramaba unas guías de su escritorio, extraía algunas y repartió otras. Cada una tenía tres hojas para completar más unas cuatro que entregaba aparte.
-Srta. Moore ¿no encuentra que es mucho para ser el primer día? –preguntó uno de los punkis.
-Para nada, de hecho, son fáciles de completar –se sentó y comenzó a hojear un gran libro.
 Miré abrumada las páginas y la luz fluorescente no ayudaba del todo, traté de concentrarme al menos y logré hacerlo por unos segundos, aproveché de completar las primeras y luego comencé a tener problemas. Por más que hiciera los ejercicios una y otra vez, no lo lograba.
 Otra nota cayó en mi escritorio, miré hacia todos lados y Christie me guiñó un ojo.
 Está loca ¿te diste cuenta? Nadie en el mundo pondría todas estas páginas el primer día de clases… definitivamente nos quiere hacer la vida imposible.
 Por cierto, respecto a lo que dijiste, eso de las sombras… supongo que hablaremos un día de estos, pero no ahora. Tengo cosas que hacer, como la fiesta de Phillipe, estás invitada. Será el día viernes a las ocho, tendrás que ir sin que nadie se de cuenta. Los <<aguafiestas>> siempre andan merodeando por ahí.
Christie.
 La miré y asentí mientras guardaba la nota, recogí mi pelo y completé los demás ejercicios. Pasado más de media hora y había completado al menos dos páginas, los demás no estaban tan animados, era realmente aburrido y era el método de castigo perfecto para quien se habría culpado de algo.
 Christie quería hablar sobre las sombras, entonces ¿las veía? Un papel me llegó del otro lado de la sala, miré hacia todos lados, pero nadie mostraba signos de haberlo enviado. Lo abrí lentamente sin llamar la atención de la Srta. Moore.
 Te veo luego ¿vale? En la cafetería, después de esta clase.
Dan.
 La hora de los mensajes… ¿Qué quería hablar conmigo? Le miré a hurtadillas, estaba complicado en resolver unos problemas, al estar unos segundos contemplándolo, el levantó la vista, y me saludó con la mano.
 ¿Sufría de personalidades múltiples? ¿Por qué razón alguien estaría cambiando constantemente de ánimo? Estoy en una escuela de chiflados –recordé.
 Otro papel cayó en mi escritorio.
 ¿Qué fue eso? ¿Me lo explicarás? Si, tienes que hacerlo. Olvida lo de la nota anterior, excepto lo de la fiesta de Phillipe, hablaremos luego de un rato, pasaré a tu cuarto alrededor de las diez de la noche.
Christie.
 Me reí en silencio mientras guardaba los mensajes. La Srta. Moore miró a hurtadillas y fingí estar aproblemada con la guía.
 Al cabo de más tres horas, todos comenzaban a mirar la hora o estaban recostados sobre sus mesas, otros trataban de resolver lo que les quedaba de guía –que eran como unas dos o tres hojas-. Y algunos, resoplaban o se lanzaban papeles.
 La campana sonó y me sobresalté mientras completaba un ejercicio. Los demás sonrieron y la Srta. Moore los fulminó con la mirada.
-Espero que hayan terminado todos, era una guía simple –se levantó y cerró el libro que estaba en la mesa-. Queda de tarea, no olviden completarla… el que no lo haga, será sancionado con un castigo ¿está bien? Supongo que no querrán pasar la tarde limpiando la escuela.
 La miré sorprendida. Me levanté junto a todos y caminé hacia la puerta, luego de recoger mis cosas y me dirigí a ella sin perder de vista a Dan –quien caminó por el lado contrario y desapareció al instante.
 “Te veo luego ¿vale? En la cafetería, después de esta clase”.
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lunes, 10 de octubre de 2011

Nuevo diseño!

Se ha configurado el diseño de la página (:
Espero que les guste este nuevo fondo*-*

~Javy'Pattz~Stew*-*

"Psychosis"

Prefacio

-¡No estoy loca! –forcejeé con mis padres que trataban de introducirme en el auto, ellos no cedieron y mi padre con fuerza me sentó en el asiento trasero.
Su expresión era dura, no iba a doblarse así como así, el no me creería jamás. No me iba a enviar a ese horrible lugar porque me tenía miedo, el estaba seguro que sería por mi bien.
Pero yo creía que sería todo lo contrario.
-Emily –dijo mi madre casi como un gemido-. Compórtate, sabes que esto es doloroso para nosotros, y que lo hacemos por tu bien. No queremos que nadie resulte herido.
-¿Herido? –Miré aterrorizada a mi padre, quien cerró la puerta y encendió el motor del auto-. ¡Yo no maté a nadie!
-Lo sabemos, pero la gente no cree lo mismo, hija.
-No me interesa lo que digan de mí mama, quiero estar acá.
-Esto está empeorando, Emily –dijo con firmeza, las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos-. La gente está segura de que hiciste algo, temo que alguien te haga daño.
-Esto está decidido Emily –la voz ronca de padre me hizo reconocer que no podría volver jamás a esta casa, al menos en unos cuantos años-. No podemos cambiar de idea, irás a esa escuela si o si.
-Ni siquiera es una escuela –traté de convencerlo-. ¡Es un hospital psiquiátrico!
-Basta –repuso serio.
-No estoy loca, papá, tú lo sabes.
-Lo siento, hija, esto no está en mis manos.
¿Qué era peor? ¿Estaría decepcionado de mí? ¿Me tendrá miedo? Si lo hiciera por mi bien, no me llevaría a ese lugar, no, el no podría hacer eso.
-Escucha, Emily –me miró a los ojos-. Te iremos a ver en cuanto podamos, quiero que sepas que te queremos mucho y que no estás sola ¿me oyes?
-Perfectamente –suspiré.
-Está bien, ahora quiero que entiendas, que ese es el mejor lugar en el que puedes estar, nadie te puede hacer daño ahí.
-¿Es un hospital, verdad? –insistí-. Reconócelo al menos, papá.
-No, no lo es –sonrió-. Es una escuela, es solo que ahí los jóvenes… no están del todo bien.
-Entonces está lleno de locos –le fulminé con la mirada-. Es exactamente lo mismo.
Al menos no vería inyecciones o enfermeras vestidas completamente de blanco con unas dosis de medicamentos. Si no era un hospital psiquiátrico, o más bien, si era una escuela… ¿qué podría esperar de aquel lugar?
“Ten calma hija, verás como todo saldrá como querías”. Fue lo último que escuché decir de ambos, desde ese momento, no emitieron palabra alguna. El resto del viaje fue en silencio y una de las teorías que más resaltaba en mi cabeza, era que ellos dos me temían.


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Espero que les guste ;) // Dejen sus Comentarios & Sugerencias c:
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ATENCION CHIC@S! (:

Se estrena nueva novela*-*! Se llamará Psychosis ("Psicosis" en español :B ) // Ahora mismo subo el primer capítulo... Comenten & acepto Sugerencias c:
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sábado, 8 de octubre de 2011

"Equinoccio"

“Equinoccio”

Capítulo 2 – Descubrimiento

-¿Así que irás a la Universidad de Londres? –la idea pareció agradarle, le sonrió a la ventana.
-Si, empiezo la otra semana –tomé un momento en darme cuenta-. ¿Estuviste escuchando mis conversaciones?
 Asintió mientras examinaba mis facciones.
-¿Por qué? –prendí la luz de la lámpara, mientras revisaba y guardaba las cosas dispersas en mi escritorio.
-Tenía curiosidad.
-Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas –le sonreí con una sonrisa maliciosa, el se echó a reír y alzó una ceja mientras miraba por última vez la ventana.
-Me fue inevitable –se encogió de hombros y se sentó en la punta de mi cama, me estremecí de la sorpresa.
-¿Qué hay de que entre a la universidad? –me apoyé en la madera de la cama mientras el se acercaba unos centímetros más, aguardando distancia.
 Negó con la cabeza. Dirigió una mirada a la puerta mientras pensaba y volvía a sacudir la cabeza, con aspecto enfadado.
-¿Ocurre algo? –dije, sentía como la curiosidad me consumía.
-¿Mentiste por mí?
 Enrojecí de inmediato.
-Si –oculté mi mirada de la de él.
 Rió en silencio.
-¿Dónde estuviste en todo este rato?
-La mayor parte del tiempo la pasé acá –apuntó a mi cama, le contemplé atónita.

 Steve dejó caer una lista con las cosas que debíamos de comprar, sacó su billetera e hizo rodar con su dedo las llaves de su auto. Terminé de comer mi desayuno mientras miraba hacia la ventana.
-Hola –sonrió-. Tu padre me dejó entrar.
-Si, lo sé –revolví con la cuchara los últimos restos de cereales.
-¿Qué cosas compraras? –se sentó en la silla del frente.
-Los útiles… ¿no lo recuerdas?
-Si, perfectamente.
-¿Compraremos lo que hay en la lista? –la apunté con una sonrisa en mi rostro.
-Oh, si. Supongo que tardaremos un poco en recolectar todo.
-Ni tanto –resoplé soltando una carcajada.
-Bueno, un poco.
-Si –sonreí.
-¿Nos iremos en mi auto? –volvió a girar las llaves.
-Si, claro.
-Tu padre fue a trabajar, ¿verdad?
-Si, tenía que irse. Le esperaban en la oficina, ya sabes –arqueé una ceja-. Asuntos de empresarios.
 Rió entre dientes.
-Vamos, se nos hará tarde –se dirigió a la puerta mientras la abría y caminaba por el pasto del jardín.
 La cerré después de haber salido y me subí en silencio al auto de Steve, era un día agradable, el sol iluminaba alto, pero no hacía calor.
-Lindo día ¿no? –entró y encendió el motor, una sonrisa se dibujó en su rostro.
 Steve era hermoso, su pelo negro algo largo ahora caía en a su frente, sus ojos verdes resaltaban con la luz. Notó que lo estaba mirando.
-¿Qué? –rió.
-Nada –me encogí de hombros.
-En ese caso –miró alegre hacia el frente-. Vamos.
 Miré fijamente hacia las calles, los árboles con un verde magnífico adornaban todo, hacían que todo se viera demasiado perfecto. No me arrepentía de venir a Inglaterra.
 Claro que extrañaba a mi madre, mi padre había decidido traerme a Inglaterra por mis estudios y por su trabajo. Mi madre después de haber desaparecido le había entristecido más que nunca. Por ello, después de más de dos años de no haber recibido noticias de ella, decidió que viviríamos acá, en Inglaterra. Conocí a Steve desde entonces, con quien había estado los últimos años del instituto –los que me faltaban-, y había sido mi compañía desde mi llegada.
-¿En qué piensas? –parecía preocupado, su mirada se tornó en verdad inquieta.
-Recordé lo de mi madre –suspiré.
-No te tortures con esos recuerdos, Rose –se aferró a mi mano, como si tratara de reconfortarme.
-Lo sé, es que se me vino a la mente, nada más –me encogí de hombros.
-Está bien –volvió a poner la mano al volante y miró el camino pensativo.
 Mi madre, la había visto por última vez cuando tenía quince años, la podía recordar perfectamente, sus ojos azules y su blanca sonrisa, su pelo rojizo que le llegaba hasta los hombros y su gran personalidad.
 Steve tenía la razón, no debía pensar en eso.
-Llegamos –sonrió mientras salía del auto y caminaba hacia mi puerta.
 La abrí cuidadosamente y él la afirmó con la mano para que saliera, extendió la que tenía libre y me sujetó para que no tropezara ni perdiera el equilibrio.
-Gracias –asentí agarrando mis llaves y guardándola en mi bolsillo.
-No es nada –rió.
-¿Qué compraremos primero?
-¿Qué te parecen los cuadernos y carpetas?
-Claro, pero si luego vamos a una librería.
-Por supuesto –avanzó unos pasos apuntando a un local.
 El letrero azul era una buena mezcla con las letras amarillas. La pintura brillante –que hacía notar perfectamente la atención de cualquier persona que estuviera cruzando la calle-, cumplía su objetivo de atraerlas.
 Prácticamente no demoramos nada en comprar todo, ya al cabo llegada la tarde hora teníamos todo listo y estaban las bolsas en el maletero del coche. Luego seguimos caminando en la busca de una librería donde pudiera encontrar los libros que andaba buscando.
-¿Qué libro comprarás?
-Estoy interesada en los mitos –vacilé-. Historias de terror, quizás.
-¿Qué? ¿Sobre vampiros o hombres lobo? –sonrió con malicia.
-Si –sentí como la respiración se me agitaba, recordé el pálido rostro de Anthony aquella noche, en la que nos habíamos visto por primera vez.
-¿Estás bien? –se detuvo para observarme por unos segundos.
-Estoy perfectamente –fruncí el ceño y entré a un local.
 La débil luz de la lámpara iluminaba las repisas repletas de libros, estaban ordenados delicadamente y cada estante de madera estaba a más de dos metros de distancias el uno con el otro. Podía haber más de mil libros en aquella librería –que parecía más biblioteca o algo por el estilo.
-¿Hablarás con la vendedora? –apuntó disimuladamente a una mujer que estaba concentrada en un ordenador.
-No, lo buscaré yo misma –le dí un empujoncito juguetón y el se rió en silencio.
-¿Te ayudo?
-Si, busca algo relacionado con leyendas y mitos. Yo me concentraré en las historias de terror.
-Estás comenzando a asustarme –parpadeó sorprendido.
-Bien, iré por allá –caminé con tranquilidad, Steve hizo exactamente lo mismo pero hacia el lado contrario.
 Ahora debía de buscar por orden alfabético, historias de terror, mitos y leyendas, leyendas urbanas, que se yo. Necesitaba algo relacionado con ello.
 Una mano pálida y dura como el hierro me atrajo hacia ella, iba a soltar un gemido pero una al taparme la boca me lo impidió. Me consumí por la curiosidad y volteé levemente mi rostro, buscando el de él. Una sonrisa encantadora me perturbó.
-¿Qué haces acá? –preguntó con inocencia.
-Me sorprende que no hayas escuchado mis conversaciones –reí mientras continuaba con mi búsqueda.
-Aún no me has respondido.
-Pudiste haberme matado de un infarto –con mis dedos recorrí cada título, ninguno se parecía a lo que andaba buscando.
-Precisamente tú no eres de las personas que se asustan con cualquier cosa.
-Es posible de que me asuste si alguien me agarra de la mano y me cubre la boca.
-Es bastante probable –rió entre dientes.
-Aquí está –sonreí con entusiasmo y aparté un libro rápidamente mientras le daba un hojeada buscando algún título que me indicara lo que deseaba.
 Anthony me miró sorprendido.
-¿Qué libro estás buscando?
-Ninguno en especial –admití nerviosa. Lo cerré y lo guardé lo más rápidamente que pude.
 Después lo vuelvo a buscar. Pensé mientras apartaba el pelo de mi cara.
-¿Estás con Steve? –preguntó algo más serio.
-Si, me acompañó a comprar las cosas para la universidad.
 Ahora podía notar en la forma que vestía… Llevaba puesta una chaqueta azul abierta que hacía notar su polera gris ceñida a su figura, ocultaba sus ojos con unos lentes oscuros y sus jeans comunes. Increíble, a pesar de ser una ropa completamente casual, le hacía ver elegante y superior a cualquier persona que quisiera ponerse lo mismo.
-Es de día… ¿cómo pudiste caminar sin que la gente notase lo que eres? –pregunté con cierta timidez.
-No notarán la diferencia si no fuera por mis ojos –sonrió-. Además de otros detalles.
-¿No te quemas? –abrí los ojos de par en par.
-No, son solo mitos, Rose.
-¿Si? –me apoyé en el estante.
-Si, al igual que no me hacen nada las estacas, o los collares de ajo –sonrió divertido.
 Sentí unos pasos aproximándose, Anthony se puso rígido.
-Rose –me llamó en un susurro Steve.
-Acá estoy –le respondí elevando la voz.
 Anthony no se movió, le dirigí una mirada cómplice, para que no se atreviera a moverse.
-He encontrado estos libros –alzó en sus brazos una pila alzada y las llevaba con poco esfuerzo-. Tú –gruñó alzando la voz.
-¿Ustedes se conocen? –miré a Anthony directamente a los ojos, el me miró con una mueca.
-Si, nos hemos visto antes.
-Entonces –vacilé-… Él sabe lo que eres tú.
-Si, lo sé perfectamente –rió con cinismo-. ¿Así que por eso quisiste venir? ¿Esto de la biblioteca era solo un engaño?
-Espera –le fulminé con la mirada-. Yo no tenía la menor idea de que estaría acá.
-Déjalo así, Steve –Anthony se aferró a mi mano y me corrió unos centímetros tras su espalda.
-Me impresiona lo estúpido que puedes llegar a ser por una humana –rió con fuerza.
-Basta –le ordenó Anthony secamente.
-Podrías irte y dejar las cosas como estaban.
-¿Y dejar que acabaras con su vida?
-Tú estás dispuesto a eso –negó con la cabeza.
-Ni siquiera le has dicho lo que eres.
-¿Qué? ¿Podrían explicarme al menos de qué se trata todo esto?
-Por supuesto, Rose –Steve puso una expresión entristecida-. Anthony quiere llevarte y matarte, ha estado planeando esto hace años… Pero yo estaré aquí para defenderte.
 La voz de Steve era completamente falsa. No le respondí mientras él alargaba la mano, Anthony hizo retroceder unos pasos más.
-Sabes que no es cierto, tú has planeado esto durante años, Steve –bramó Anthony.
-Entonces él es un… -le miré aterrada, no podía creerlo.
 Steve sonrió con una expresión extraña, llena de odio.
-Vete –le ordené mientras sentía como se me llenaban los ojos de lágrimas.
 Su rostro se volvió aterrador.
-No dejaré que él –le apuntó a Anthony con el dedo-, arruine esto.
-Tú mismo lo arruinaste, Steve –Anthony me aseguró tras su espalda, no podía verle el rostro.
-¿Ahora te las das de protector? –rió.
-Solo lárgate.
-Me impresiona, Anthony –se acercó un paso hacia nosotros, Anthony retrocedió instantáneamente, ocultándome de la vista de Steve.
-¡Suéltala! –gritó enojado.
 Steve se acercó aún más y sentí su mano fría en mi muñeca, me apretó con fuerza y tiró de ella. Anthony le sujetó del brazo apretándoselo.
-No te atrevas a tocarla –le amenazó.
-¿Qué me harás, eh?
-Te dije que la soltaras –el rugido volvió a salir de su pecho y se le lanzó a Steve quien chocó con los estantes de la librería.
 Miles de libros se estamparon contra el suelo, haciendo un gran ruido, me pregunté si la vendedora vendría y vería a ambos golpeándose. No podía dejar que ocurriera, debía de parar esto.
-¡Basta! –les grité a ambos, Steve aprovechó el momento para agarrar a Anthony de las manos, quien me había mirado aterrado-. ¡Suéltalo Steve!
 Me miró con indiferencia y lanzó a Anthony al mismo estante. Las astillas comenzaban a salir y caer al suelo, los libros estaban abiertos, desordenados y dispersos por todo el suelo.
 Anthony había tomado ventaja, con una mano bloqueó los movimientos de Steve poniéndole las manos en la espalda, Steve se movía furibundo.
-¡No hagan esto! –les grité mientras miraba hacia todos, sin saber que hacer.
 Anthony lo soltó y lo miró con ira, Steve se paró enseguida y cuando iba a golpearlo, me coloqué en medio y le miré con aspecto enfadado.
-Vete, Steve –le ordené.
-No, no me iré –me miró directamente a los ojos-. No sin ti.
-No me iré contigo –forcejeé para que me soltara la mano, pero se rehusaba a hacerlo-. Suéltame.
-Vendrás conmigo –su rostro se volvió repentinamente espeluznante, su sonrisa provocativa solo me producía un miedo increíble.
 Su cara se crispó y cerró los ojos, me liberé con facilidad y vi como Anthony le apretaba de la muñeca y le volvía a lanzar al suelo.
-Solo vete, Steve –le amenazó con voz seria, no se notaba cansado ni exaltado-. Ahora.
 Los segundos siguientes –en los cuales se miraron el uno al otro-, fueron tensos, no reconocía la sensación de miedo, temor y locura. Sí podrían volver a pelear, o simplemente se trataba de un terror más allá de todas las cosas posibles, me refería al hecho de que Anthony pudiera resultar herido, o lo contrario. No, Steve no se lo merecía, no podía estar de buenas con él, ni tampoco quería estar de malas, pero no era un simple capricho.
 ¿Cuánto tiempo dura el dolor de una decepción?
-Adiós, Rose –dijo él mientras se giraba, su cara completamente intacta en su tez pálida, había adoptado un color más anormal esta vez. No parecía haber peleado, se fue tenso y sin emitir ruido alguno.
 ¿Era Anthony capaz de traer todas las verdades consigo?
 Sentí su fría mano recorriendo mi muñeca y la presionó con el cuidado suficiente mientras caminábamos por el pasillo, recorrí con la vista el pasillo después de haberme librado de mis pensamientos, los libros estaban ordenados en el estante.
 Le miré para que me diera una respuesta.
-No fue difícil… de hecho terminé lo bastante rápido como para que no te dieras cuenta. Parecías muy concentrada mientras mirabas el suelo. ¿Estás bien?
 Mis ojos se desorbitaron, no sabía donde mirar. Me abrazó rápidamente y respiró profundo.
-¿La vendedora? –fue lo único que se me ocurrió.
-No está -apuntó al lugar donde estaba la última vez, ahora la silla vacía frente a un ordenador hacía notar que no había pasado mucho tiempo antes de que Anthony y Steve pelearan-. Salió mientras tú estabas revisando los libros.
 Pero él no iba a rendirse así como así, conocía una parte de Steve que sabía que no era un engaño, no se daba por vencido con facilidad.

 La semana siguiente no había superado mis expectativas, había estado en casa lo suficiente como para sentirme sola, más sola de lo normal. No solía salir siempre con amigos, por lo que me quedaba estar conmigo misma, no era una regla de antisocialismo puro, lo veía más como mi propio espacio. Me agradaba mucho más de un modo u otro. Me daba la tranquilidad para pensar.
 Aunque ahora se volvía todo un problema, sentía como la ausencia de una parte importante de mi vida comenzaba a afectarme, nunca había estado así con Steve, nunca.
 Me di una vuelta en la cama mientras apoyaba la cabeza en la almohada, mirando hacia el techo, me deslicé por la cama y abrí la ventana de golpe, saqué la cabeza tratando de divisar alguna figura de entre los árboles.
 No está –suspiré y caminé hacia la puerta, bajé las escaleras sin ánimo y me serví un vaso de agua antes de irme a la universidad.
 Habíamos quedado en que Steve me iba a dejar, después de esto, los planes se esfumaron. Me iría en mi auto, lo más probable sería que mi padre me insistiera una vez más que hable con él. Siempre se han llevado bien, supongo que él era el sí de mi padre, nunca lo rechazaría.
 No puedo decirle la verdad, supongo que tendrá que conformarse con saber que no le hablaré. Hasta no se cuando –pensé mientras iba e busca de mis cosas antes de irme.
 Unos golpes en la puerta detuvieron mi destino, me giré con desanimo y cuando vi a mi padre que abría la puerta y su expresión fue de completo asombro, me quedé ahí tratando de mirar desde los escalones.
 No puede ser Steve, estaría más animado, o al menos le habría saludado.
-Vengo a buscar a Rose –alcancé a escuchar de la persona que estaba tras la puerta.
 Me congelé inmediatamente, y sentí la sensación de correr y cerrar la puerta, aunque sería algo estúpido, no serviría de nada. Mejor tendría que correr e irme, escapar, si, al menos era razonable.
-Esto… Rose –mi padre me miró confundido.
 Me mordí el labio, sin lograr entender. ¿Por qué no estaba asustado como lo veía en mi mente?
-¿Si, papá? –tartamudeé.
-Húm, un chico quiere verte –abrió completamente la puerta y vi como Anthony entraba a mi casa con completa naturalidad.
 Entonces creí haberme desvanecido en el suelo.
-Acordamos que te iría a dejar y a buscar ¿lo recuerdas? –me guiñó un ojo.
Asentí tratando de verme casual, como si lo estuviera esperando, tropecé con un escalón mientras subía, inspiré todo el aire que pude y corrí escaleras arriba y agarré mi mochila apenas entré a mi pieza. Una vez que estuve segura de que no olvidaba nada me giré y bajé apresuradamente.
 Mi padre me miraba atento. ¿Hoy tenía que fijarse en todas las cosas que hacia? ¿No podía elegir un día común y corriente? ¿Qué aspecto tendría a la vista de ellos?
-Rose –dijo mi padre mientras se acercaba a mí y me daba un abrazo-. Que tengas un buen día, y… esto es para tu almuerzo –me entregó un par de billetes, era suficiente y algo excesivo, yo podría haberlos pagado yo misma.
 No me gustaba que se molestara por mí.
-Gracias papá –le sonreí mientras cogía las llaves de mi auto.
 Ladeé la cabeza para observar el rostro de Anthony a hurtadillas, estaba con unos lentes oscuros y una polera blanca, sobre ella una chaqueta oscura completamente adecuada a su figura y su pelo desordenado y rebelde le daba un aspecto más juvenil e inalcanzable.
-Vamos –dijo con una radiante sonrisa y cruzó la puerta-. Adiós Sr. Anderson.
-Adiós, Anthony –dijo mientras se apoyaba en la puerta, su ceño fruncido y su voz cortante me incomodó, en cambió el solo sonrió cortésmente.
 ¿Se habían presentado? ¿Sabía su nombre ahora? ¿No habrá sospechado nada?
 Una vez lo más alejados de los oídos de mi padre, no pude evitar preguntarle cómo había logrado estar con él así como así.
 <<Lo he hecho un par de veces>> se limitó a decir con completa naturalidad.
 Le fulminé con la mirada. Escuché una pequeña carcajada que la combinó con un tosido.
-No será necesario que conduzcas tu auto –cruzó la calle cuando yo iba a introducir las llaves en la puerta.
-¿De qué estás hablando?
-Iremos en mi auto.
-Espera –me aproximé a él-. ¿Tienes auto?
-Por supuesto, no creas que nosotros nos trasladamos corriendo por todos lados –se apoyó en un Audi convertible plateado, le miré sorprendida.
-Si quieres pasar desapercibido –arqueé una ceja-. Pues, déjame decirte que este no es un buen paso.
-Me gusta este auto –me abrió la puerta y sacó del asiento del copiloto una caja pequeña y forrada con terciopelo.
-A quien no –me senté mirándolo hasta que entró por el otro extremo.
-Me refiero a que me agrada conducir rápido –aclaró con calma.

 La llegada a la universidad fue algo maravilloso, la decoración de esta era algo tan magnífico, especial… Era como si lo que hubiese hecho con todo mi esfuerzo durante mi vida, al fin abría obtenido su recompensa.
 Los alumnos entraban a ella y sonreían mientras pasaban por la cafetería o el hecho de llegar al gran parque que tenía un sector dedicados a aquellos que le gustase el deporte. Las bancas estaban seleccionadas en la parte del pasto, y ahí fue al primer lugar que caminé con agrado.
 Un chico con una mochila ligera caminó con vivacidad hacia mí, entrecerré los ojos, ya que el sol me llegaba directo y no podía verle el rostro a contra luz.
-Hola ¿cómo te llamas? –dijo sentándose a mi lado.
 Ahora que podía verle mejor, me dediqué a sonreírle. Su pelo castaño lucía unos reflejos más claros con el sol, un mechón bajaba por su frente, su camisa cuadrilles con sus vaqueros negros le daban un aspecto único y relajado. Lo mismo parecía demostrar su postura.
-Rose Anderson –dije con amabilidad-. ¿Y tú?
-Francis Miller –golpeteó con su pie el suelo y sacudió la cabeza apartándose el pelo de la cara.
-¿Eres nuevo acá? –me apoyé en el respaldo de la banca mientras dejaba que los débiles rayos del sol me acariciaran el rostro.
-Si –imitó mi movimiento-. He llegado hace solo unos minutos.
-¿Qué planeas estudiar?
-Cualquier cosa –parecía concentrado en algo cuando abrí los ojos para observarlo-. Supongo que tendrá que ver más con algo que me guste, veré mis opciones.
-Es una buena decisión, no debes precipitarte, supongo.
-¿Y tu?
-Psicología –le miré por el rabillo del ojo, el sonrió complacido.
-Estaremos juntos en clases, entonces.
-¿De qué hablas?
-Me especializaré en psicología, es una de las cosas que me agradan ¿sabes?
-Lo tendré en cuenta –le aseguré.
-¿No irás a inscribirte? –apuntó a una puerta de donde salía una extensa fila.
-Pensaba hacerlo ahora –me enderecé.
-¿Te acompaño?
-¿No te has inscrito?
-Acabo de llegar.
-Oh, si… lo olvidé.
-No te preocupes, no es algo que importe mucho.
 Me acompañó y juntos estuvimos en la fila por un par de minutos hasta que tocó nuestro turno, una señora de edad media y pelo hasta los hombros anotaba nuestros nombres y nuestras respectivas clases, luego pasó los datos a un ordenador y nos entregó unos ficheros a ambos.
-¿Qué te parece si nos vamos juntos a nuestras salas? –propuso con entusiasmo, le sonreí.
 Era agradable, sus ojos avellana eran realmente acogedores, como si uno quisiera verlos y sonreír. Él parecía una buena compañía durante las clases.
-Rose –dijo alguien a mis espaldas, me volteé rápidamente, sin limitarme a respirar, cuando le vi el rostro solté un leve suspiro, supuse que el lo habría notado, Francis en cambio, no se habría dado cuenta.
-¿Qué haces acá? –me acerqué instintivamente a él.
-Tengo clases –rió entre dientes.
-¿Qué? ¿Tú vas a tener…? ¿En verdad? –llevé mi mano a mi pelo mientras lo corría hacia atrás, era una de las cuantas cosas que siempre hacía, inconcientemente.
-Si –miró a Francis a través de las gafas de sol-. No creas que iba a vivir sin estudios.
-Oh, claro –disimulé mi impresión.
 Francis estaba impresionado, pero no hacía más que demostrar que estaba ahí, sin embargo, parecía distraído observando los árboles de la plaza.
-Francis –capté su atención, él me miró con una sonrisa torcida y alzó las cejas-. Él es Anthony Hawkins –lo miré apenas pronuncié su nombre, él se sacó los lentes.
 Sentí un estremecimiento por todo mi cuerpo y lo miré con ojos como platos, el escalofrío se expandía y veía todo en cámara lenta, mi visión de terror se transformó a desconcierto cuando unos ojos oscuros y negros aparecieron. ¿Dónde estaban sus tonos carmesíes?
-Hola –saludó Francis informalmente, asintió la cabeza con líos labios fruncidos y miró nuevamente a los árboles.
 En cambio a Anthony no pareció importarle en absoluto, seguía entretenido con mi reacción.
-Son lentes de contacto –me susurró la oído mientras se reía en silencio.
-¿Es posible?
-Si, tengo que renovarlos por una cierta cantidad de tiempo, ya sabrás por que.
 Levantó la vista y miró a Francis con un atisbo de amargura, frunció el ceño y luego con una media sonrisa, volvió a dirigirse a mí.
-¿Qué te parece si te acompaño a tus clases?
Francis se volteó apenas lo escuchó.
-Esto, ella y yo ya habíamos quedado en que la iba a acompañar…
 Anthony frunció el ceño.
-Si, lo sé. Pero en este momento ella no podrá acompañarte.
-¿Qué? –pareció confundido-. Está bien, te veo luego.
 Colgó su mochila por el hombro y se marchó con tranquilidad.
-No deberías hacer eso –le reclamé, el se sacó las gafas y alzó las cejas, confundido-. Aturdir de ese modo a la gente, no es bueno.
-¿Aturdo a la gente?
-Todo el tiempo.
-¿Te he aturdido a ti alguna vez? –me miró directamente a los ojos, contemplé como hipnotizada su rostro.
 Cerré los ojos con fuerza, escuché como se reía entre dientes.
-Explícame lo de tus ojos –suspiré.
-Puedo usar lentes de contacto, es la única forma con la que puedo interactuar con los… humano. Siempre y cuando no se deshagan.
-¿Deshagan?
-Si.
-¿Es posible?
-Prácticamente tengo que cambiarlos cada vez que los uso.
-Pero nunca te he visto llevarlos
-Es porque no me ha sido necesario utilizarlos.
-Hasta ahora.
-Exacto.
-¿Qué vienes a hacer acá, en verdad?
-Ya te lo he dicho –sonrió con malicia.
-No, es una broma. ¿Qué haría un…? ¿Alguien como tú estudiando en una universidad?
-Rose, que yo sea como soy, no me impide tener una vida más humana –me agarró de la mano, las contemplé juntas al igual que él y me acompañó a mis asignaturas.
-¿Entonces, estás inscrito?
-Si –miró hacia el frente con sus ojos oscuros.
 ¿Él estaría en la universidad? No me cabía en la cabeza… ¿cómo podía un vampiro, con toda la libertad del mundo, estudiar?
-¿En qué clases?
-Medicina –sonrió-. Además de psicología –me guiñó un ojo.
-¿Estás bromeando?
-Para nada –me agarró de la otra mano y me miró a los ojos-. No podía ser capaz de pasar todo el tiempos in verte.
 Me dejé llevar por sus ojos y al instante sentí como se me iba la respiración.
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